Las MiPyMEs concentran buena parte del empleo y de la actividad empresarial de América Latina y el Caribe, pero continúan enfrentando barreras estructurales para financiar su crecimiento. Un análisis publicado por CAF en abril de 2026 vuelve a poner el foco en una pregunta clave: ¿cómo llevar recursos a millones de empresas sin perder eficiencia, alcance ni impacto?
Una brecha que va más allá de la falta de liquidez
Las dificultades de financiamiento de las MiPyMEs no pueden explicarse únicamente por la disponibilidad de dinero. También intervienen los altos costos de transacción, la informalidad, las asimetrías de información, la escasez de garantías y una percepción de riesgo que suele ser mayor para las empresas de menor tamaño.
CAF señala que las MiPyMEs representan alrededor del 99% de las empresas y cerca del 60% del empleo formal en América Latina y el Caribe. Sin embargo, la brecha de financiamiento regional supera los USD 1,8 billones, según las estimaciones citadas por la institución. La magnitud del desafío muestra que no alcanza con crear líneas de crédito aisladas: se necesitan mecanismos capaces de operar a gran escala.
El problema se vuelve aún más complejo cuando una empresa quiere financiar inversiones de mediano o largo plazo, como equipamiento, eficiencia energética, adaptación climática, transformación productiva o incorporación de nuevas capacidades. En estos casos, los plazos, el riesgo y la necesidad de garantías pueden alejar la inversión de los productos crediticios tradicionales.
La productividad también depende del acceso al financiamiento
El acceso al crédito está estrechamente relacionado con la capacidad de una empresa para invertir, mejorar procesos y crecer. Una MiPyME que solo puede financiar capital de trabajo de corto plazo tiene menos margen para modernizar maquinaria, adoptar nuevas tecnologías, desarrollar productos o ingresar a nuevos mercados.
Por eso, la discusión sobre productividad no se limita a infraestructura o grandes inversiones. También incluye la posibilidad de que miles de empresas pequeñas puedan transformar su operación cotidiana. Cuando el financiamiento productivo llega de manera adecuada, puede convertirse en una herramienta para cerrar brechas de competitividad y fortalecer cadenas de valor locales.
Este enfoque amplía el papel de las instituciones de desarrollo: además de movilizar recursos, deben ayudar a que el sistema financiero genere productos más ajustados a las características de las MiPyMEs.
Llegar a millones requiere trabajar con intermediarios
Atender de forma directa a millones de pequeñas empresas sería costoso y difícil de escalar para un banco multilateral. Frente a esa realidad, cobra relevancia el trabajo con bancos comerciales, bancos de desarrollo, cooperativas, instituciones financieras no bancarias y otros intermediarios que ya tienen presencia en los mercados locales.
CAF describe esta evolución como una forma más moderna de banca de segundo piso: el financiamiento se canaliza a través de entidades locales, pero se complementa con criterios de impacto, gestión de riesgos, tecnología e incentivos orientados a objetivos de desarrollo.
Entre 2022 y 2025, CAF informó que canalizó en promedio USD 3.275 millones anuales para MiPyMEs a través de la banca de 14 países accionistas. Los recursos se dirigieron a transformación productiva, empresas propiedad o lideradas por mujeres, eficiencia energética y negocios verdes, entre otros destinos.
El papel de las garantías en una estrategia de escala
Cuando una empresa no cuenta con suficientes activos para respaldar un préstamo, una garantía puede ayudar a distribuir el riesgo y facilitar que la operación sea evaluada en mejores condiciones. Esto resulta especialmente relevante para segmentos que tienen actividad económica, capacidad de pago y proyectos viables, pero no cumplen con los requisitos tradicionales de colateral.
En una estrategia regional, los sistemas de garantías pueden complementar el trabajo de los intermediarios financieros. Su aporte no consiste solo en aumentar el número de créditos: también puede permitir plazos más adecuados, acompañar inversiones productivas y ampliar la atención a sectores que históricamente han tenido menor acceso al sistema financiero.
El reto está en diseñar garantías que sean simples de operar, que se integren a los procesos de las entidades financieras y que generen adicionalidad, es decir, que faciliten financiamiento que de otra manera no habría llegado a la empresa.

De ampliar el crédito a ampliar oportunidades
La escala importa porque la brecha de financiamiento de las MiPyMEs es demasiado grande para resolverse empresa por empresa. Se necesitan redes de instituciones capaces de movilizar recursos, compartir riesgos y acompañar inversiones en distintos sectores y territorios.
Para los sistemas de garantías, este escenario abre una oportunidad de profundizar su articulación con bancos de desarrollo, entidades comerciales y nuevos intermediarios. La combinación de financiamiento, garantías, datos y asistencia técnica puede ayudar a que el crédito llegue más lejos y responda mejor a las necesidades del tejido empresarial.
Cerrar la brecha financiera no significa únicamente colocar más recursos. Significa construir mecanismos que permitan a más MiPyMEs invertir, competir y crecer de manera sostenible.



